Guatemala: Donde todo lo que sube, baja

Guatemala: Donde todo lo que sube, baja

1024 684 David Casalprim

GUATEMALA: DONDE TODO LO QUE SUBE, BAJA

Guatemala esconde el tesoro que cualquier cicloturista sediento de aventuras sueña con descubrir: montañas salvajes, desniveles infernales, volcanes activos y selvas tropicales. Nuestro colaborador sobre dos ruedas, Gerard Castellà, nos cuenta su intenso recorrido de 1.000 kilómetros y tres semanas por el país chapín en 2016 a lomos de una Fetamà.

 

Alta Verapaz y Quiché, regiones que me hacen tiritar al escuchar su nombre. Si hasta ahora Ecuador y Etiopía lideraban el ranking de países con los desniveles más bestias, Guatemala se lleva el oro. Rampas del veinte por ciento por pistas de trocha infernales me lo dejan bien claro. Tengo la sensación que recorro las curvas de nivel de una montaña en bicicleta, o bien que me desplazo por una pista de Scalextric: si me paso de frenada, que me busquen. Cuando la pendiente es demasiada pronunciada y ya no puedo avanzar más, bajo y empujo mi fiel caballo de hierro. En los descensos, a menudo tengo que detenerme para dejar enfriar las llantas. Sin embargo, prohibido abrir la boca. Porque, ¿quién puede quejarse cuando le avanzan niños y niñas descalzos cargando en su cabeza petates de troncos de madera u hojas de plataneros?

Cruzo diminutas comunidades rurales indígenas donde a duras penas se habla el castellano. Las regiones de Alta Verapaz y Quiché representan el corazón de la cultura quechí, una población históricamente olvidada y maltratada: primero, por los conquistadores españoles y su evangelismo de pandereta y, más tarde, por el gobierno de Guatemala. Es en este rinconcito del país chapino donde se cumple la aterradora estadística que dice que una de cada dos personas vive por debajo del umbral de la pobreza.

De una vegetación selvática arraigada en las faldas de la Sierra de las Minas asciendo ahora por un pedregal aéreo que se engarza hasta Raxrujá. La fiesta empieza a partir del cruce de Fray Bartolomé de las Casas. Es el precio a pagar por fisgonear las líneas discontinuas de color rojo del mapa. De los botes que pego, voy parando para comprobar que no he perdido ninguna muela, y gritos de ¡gringo, gringo! de los chiquillos me dan la bienvenida a comunidades aisladas. Un último descenso por una terracería de diez kilómetros me lanza hasta Lanquín, un bonito pueblo a las puertas del paraíso virgen de Guatemala.

SemucChampey (allí donde el río se esconde en la montaña) es un capricho de la naturaleza, unas piscinas naturales de agua turquesa en pura selva tropical. Está formado por un puente natural de piedra caliza de unos quinientos metros de longitud, por debajo del cual cabalga el río Cahabón. Ver para creer, un espectáculo para los cinco sentidos. Y paso allí un día entero saltando de un puente, bañándome en las piscinas y descubriendo las cuevas. Llegar a SemucChampey no es fácil, pero será una de las postales más espectaculares que me llevaré de América Central.

Aunque si alguna cosa me atrapó realmente en Guatemala fueron sus mercados. Un ir y venir de campesinos con productos frescos y recién cogidos del campo, palabras indescifrables en quechí,  y una gama cromática digna de un Pantone. ‘Oiga joven, venga acá. Pruebe este tamalito, que está bien calentito y usted muy delgadito’, me dice la vendedora indígena del mercado de Cunén mientras cotilleo qué se esconde bajo sus ollas requemadas. Cámara en mano inmortalizo escenas que, para mí, representan el alma de un pueblo. Ante todo, si algo me enseña Guatemala, es que todo lo que sube, baja. Literalmente.

Si deseas saber más sobre los viajes cicloturistas de Gerard Castellà, puedes consultar su blog www.acopdepedal.wordpress.com o también los canales de Instagram @gerard.castella y el hashtag #acopdepedal.