Nadie puede dudar que la bicicleta es una herramienta eficaz contra el cambio climático, o también para mejorar la calidad del aire de las ciudades.
Cuando se habla de la problemática del cambio climático, de lo que no hay duda es que el uso de la bicicleta evita emisiones de gases de efecto invernadero.
Una vez más los representantes de la mayor parte de los países del planeta se reunen para buscar soluciones. En esta edición de 2019, la que hace la reúnión número 25, se organiza en Madrid.
Digan lo que digan, la bicicleta es una herramienta de movilidad esencial para mitigar los efectos del cambio climático, especialmente en el ámbito urbano.
Quiénes nos representan para frenar el cambio climático deberían ser más sensibles a las bondades ambientales de la bicicleta.
A favor de la bicicleta urbana
La bicicleta es el medio de transporte más eficaz y barato en una ciudad. En viajes inferiores a 5 km, el incremento del consumo de combustible en coche es de un 60%.
Utilizar la bicicleta para estos desplazamientos cortos de menos de 5 km, como puede ser ir al trabajo, requiere poco más de 20 minutos a una velocidad media de unos 15 kmh.
Este mismo trayecto urbano realizado en coche puede suponer la mitad de tiempo que en bicicleta, sin semáforos y tránsito, pero suma 1 kg de dioxido de carbono (1).
En las grandes ciudades para muchos recorridos la bicicleta puede ser un sustitutivo de los automóviles. La movilidad motorizada es el elemento que determina la mayor parte de las emisiones de CO2, que contribuyen al calentamiento global.
Razones obvias
El ciclismo urbano no produce ningún tipo de contaminación atmosférica, apenas produce contaminación acústica y su fabricación es de baja huella ecológica.
Algunos empresarios promueven y facilitan el uso de la bicicleta entre sus empleados. Existen algunos programas al respecto que incentivan el ir al trabajo en bicicleta. Algunos lo hacen con créditos para la compra de una buena bicicleta. Otros crean parkings bici en el interior del recinto de la empresa.
Las fórmulas para incrementar el número de ciclistas no son sencillas, pero algunas propuestas requieren poco esfuerzo público como la segregación de espacios para la circulación fuera del ámbito de los o facilitar la intermodalidad o commuting con la red de transportes colectivos (tren, metro, etc.)
Según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, la contaminación atmosférica por partículas finas provocó la muerte prematura de unas 428.000 personas en 41 países europeos.
En cambio, la contaminación por dióxido de nitrógeno y ozono troposférico (O3) fue responsable de la muerte prematura de 78.000 y 14.400 personas, respectivamente. Dicho informe apunta al tráfico rodado como «uno de los mayores emisores de contaminantes atmosféricos de Europa».
La bicicleta y el cambio climático
La Estrategia Estatal por la bicicleta reconoce que es necesario “la inclusión de la movilidad ciclista en las políticas de calidad del aire y lucha contra el cambio climático”.
Por su parte la Estrategia Catalana de la Bicicleta 2025 también advierte que “La promoción de la bicicleta está alineada con gran parte de los objetivos de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de nuestras ciudades y comunidades: combatir el cambio climático, generar salud y bienestar a la población y el desarrollo de servicios de transporte y turismo sostenibles, entre otros”.
Ante estas evidencias, no hay duda que la realidad va por otros derroteros que no están alineados con los políticos.
La Federación Europea Ciclista (ECF) afirma que para reducir las emisiones no es suficiente con los 250 millones de ciclistas representados por esta federación. Para alcanzar el objetivo de emisiones de gases de efecto invernadero cero de cara a 2050. ECF estima que es necesario cuadruplicar la proporción. Es decir, llegar a los mil millones de ciclistas.
Por este motivo, aunque la 25 Cumbre del Cambio Climático en Madrid se realiza sobre una de las ciudades que menos promueve la bicicleta, el tema es importante.
Ante la Cumbre sobre el Cambio Climático de la ONU
Madrid pues acogerá entre los días 2 y 13 de diciembre 2019 la XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Cimático de la ONU o COP 25.
Esta cumbre se celebra en una de las metrópolis menos activas de Europa Occidental en cuestión de eficiencia energética y promoción de la movilidad urbana sostenible.
Madrid está en la cola en cuánto a promover el uso de la bicicleta para uso urbano.
Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) disminuyeron en España un 2,3% en 2018 con respecto al año anterior. Sin embargo, en el sector de la movilidad, el transporte y la logística aumentó un 2,6%.
Los datos de 2018 referidos a España publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) no son precisamente positivos en cuanto a reducción de los efectos del cambio climático.
El ranking mundial de años calurosos desde 1880 está liderado por el 2016. A muy poca distancia le siguen los datos preocupantes del presente año 2019, según el balance publicado recientemente por la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos).
Hay que recordar que el primer anuncio que hizo el alcalde de Madrid, Don José Luis Martínez-Almeida, en el mes de junio 2019, al tomar el cargo: dar marcha atrás a algunas medidas del Plan A contra la Contaminación y el Cambio Climático puestas en marcha por su predecesora, Doña Manuela Carmena.
La bicicleta debería ser un símbolo de la lucha contra el cambio climático.
Fotos: Parkings de bicicletas en las estaciones de tren Amsterdam (Holanda) y Luzerna (Suiza).