Bendito peatón que cruzas la calzada

Bendito peatón que cruzas la calzada

Bendito peatón que cruzas la calzada 600 392 David Casalprim

¡Bendito peatón que cruzas la calzada!. Las vías segregadas nos dan una falsa seguridad que puede ser una amenaza para el más débil. Sin embargo, los carriles bici segregados, por la acera o por la calzada en algún momento irrumpen sobre la vía peatonal.

Quién haya viajado a Holanda, habrá aprendido una cosa. Sí por despiste como peatón pisas un carril bici cuando no toca, pueden pasar tres cosas: que te den un susto, que te insulten en nearlandés y/o que directamente te atropellen y el peatón es entonces el culpable.

Carriles inapropiados

Sean del tipo que sean los carriles, cuando estos se acercan a los pasos semafóricos, los peatones mientras está en rojo a menudo avanzan un pasito colocándose en medio del carril bici.

Para los ciclistas este es un comportamiento inaceptable y de hecho algunos  pedalean sin mucha precaución, especialmente, cuando el semáforo ciclista se pone ámbar.

Campaña de civismo ciclista promovida por el ayuntamiento de Barcelona en 2010,

Una honorable mujer de la cultura catalana la atropellaron mortalmente de este modo.  Sí, los ciclistas también matan a peatones, sin querer; igual que los automovilistas matan a ciclistas, sin querer.

Tener un carril da prioridad, viajes con el vehículo que sea, patinete eléctrico incluido. Sin embargo,  debería siempre advertirnos que la opción de la prioridad es simplemente una consecuencia de la responsabilidad.

La regla básica de la vulnerabilidad

Entre todos los vehículos se  establece una correlación de pesos sobre el resto de ellos que son más pequeños. Los peatones son los más débiles en esta gradación.

Una persona puede conducir su  cochazo de 1500 kg y olvidarse  que quizás haya momentos que va en bicicleta y que incluso en otros anda como peatón.

Se enseña a conducir, pero se olvida esta regla básica: el poder que tiene una máquina rodante para segar vidas humanas, incluso la bicicleta y el patinete eléctrico.

El ciclista se piensa que como viaja en un vehículo de 15 kg no es un peligro. Pero lo es cuando esta máquina viaja a 25 km transportando un cuerpo humano con una masa de 45 a 90 kg.

Para advertir a los peatones y otros vehículos es obligatorio que la bicicleta vaya equipada con el timbre, del que ya hemos hablado. Pero el mejor “timbre” es la prudencia pedaleando y por prudencia se entiende sobretodo prevenir.

La prudencia se traduce en reducir la velocidad

Cuando uno se acerca a un cruce, a un semáforo, aunque esté en verde, hay que incrementar la atención y disminuir la velocidad. Hay que observar si en las aceras hay peatones esperando o si se acercan al borde de la calzada.

El civismo ciclista no es defender la prioridad del carril bici, sino responsabilizarse del principio físico que resulta de multiplicar la masa por la velocidad.

Un ciclista se siente seguro con su casco y pedaleando por su flamante carril bici. Pero es una falsa seguridad ya que los despistes de un peatón no entienden de líneas ni de mojones.

Recuerda que no estás sólo en la calle

Un carril bici no es un espacio para estar seguro, sino el recordatorio de que se  viaja entre otros vehículos (ciclistas salvajes, algunos o patineteros con máquinas ilegales que circulan a más de 25 kmh). Un espacio en el que se cruzarán  vehículos motorizados y sobretodo peatones.

El peatón, cuando se mete despistadamente o por error en un carril bici es como un bendito ángel. Un recordatorio para no olvidar la responsabilidad de circular con precaución aunque sea en una vía de preferencia.

Pedalear por la metrópolis es una meditación de presencia atenta, puro mindfulness y no un rato de ocio o deporte ligero.

Si quieres profundizar en el tema, no te pierdas la lectura del libro Bici Zen. Ciclismo urbano como meditación.

La convivencia urbana nos exige a todos asumir esta responsabilidad.

Artículo elaborado por Jordi Miralles