Apología de LadyEndorphine

Apología de LadyEndorphine

2048 1452 David Casalprim

Hoy Clara Blanchar nos habla de la Apologia de LadyEndorphine (versus patinete eléctrico).

Clara tiene una de las primeras bicicletas Fetamà que salieron de Espaibici. Periodista de profesión, recorre la ciudad siempre en bici a a lomos de su (también) Brompton siguiendo la actualidad.

La encontrareis en El Pais.

Apología de LadyEndorphine (versus patinete eléctrico)

 

CLARA BLANCHAR

 

Va en este post un «patinete versus bicicleta». Con descarada apología sin miramientos de la segunda. Le daba vueltas al tema el otro día. 31 de diciembre. Exterior. Tarde. Bajamos a la fuente del pueblo a lavar las bicis. La última vez habían quedado de barro hasta arriba. Había que dejarlas a punto para la primera salida de 2019. No hay mejor receta para la resaca de Fin de Año que pedalear, ventilar la neurona y segregar endorfinas sobre un invento mágico como es una bici.

 

Preparando las bicis con amor.

 

Y comencé a preguntarme si alguien estaría dedicando, como nosotros, la última tarde del año a sacar lustro a un patinete eléctrico, con la idea de regalarse una salida en un ídem para dar la bienvenida al año nuevo. En días importantes, cosas importantes. ¿Tendrá un patinete este carácter casi sagrado para alguien? ¿Celebrarán las familias las primeras veces que sus hijos dan gas al patinete y avanzan sus primeros metros? ¿Lo grabarán con el móvil, como seguro hacen con las primeras pedaleadas sin ruedines? ¿Dentro de 50 años, enseñará alguien con orgullo el patinete de su abuelo, se detendrá en observar sus piezas y materiales y lo montará con la cabeza bien alta? ¿Queda la gente para ir a dar una vuelta en patinete? ¿Alcanzarán algún día los patinetes eléctricos épica suficiente como para organizar competiciones y darlas por la tele?

 

Los patinetes eléctricos han llegado para quedarse, sobre todo en las grandes ciudades. Y justo es reconocer que entran en el paquete de la movilidad sostenible para cubrir recorridos puerta a puerta. En Barcelona, además, el equipo de la alcaldesa Ada Colau se ha adelantado incluso a la DGT con una ordenanza que regula su circulación en función de lo que pesa y la velocidad que alcanza cada modelo. Una norma que, bendita idea, blinda la ciudad al desembarco de empresas de patinetes eléctricos compartidos que en otras ciudades han llenado las aceras de artilugios desparramados. Les veta porque especifica que los patinetes de alquiler deben circular con  casco y guía.

 

Pero la del patinete eléctrico es una movilidad técnicamente sostenible, pero pasiva frente a la bici. La bici es salud, la impulsamos con nuestro movimiento y equilibrio. Es salud para quien pedalea y para el resto de la sociedad. Porque la suma de muchas buenas saludes individuales es mejor salud para una ciudad: son menos emisiones, ahorro para los servicios públicos, para el gasto farmacéutico… y ahorro en disgustos. Pedalear es bueno para todo el cuerpo (corazón, piernas, glúteos, rodillas, abdominales, lumbares, visión, equilibrio, atención a todo lo que nos rodea), es un festival de psicomotricidad, un ejercicio no agresivo, positivo a cualquier edad y muy recomendable para los mayores… Y tiene la magia de la segregación de endorfinas, la hormona del buen rollo.

 

Con una bici puedes ir por cualquier terreno; con un patinete eléctrico no puedes ir a la montaña, ni pegar brincos.

Con una bici puedes cargar equipaje y viajar tan lejos como te lleven tus piernas; con un patinete el límite lo pone la batería.

Una bici vieja tiene alma y valor sentimental; un patinete eléctrico tendrá valor hasta que un  fabricante saque un modelo más eficiente, con mayor potencia y autonomía.

La bici te esperará en el lugar donde la dejes a punto para volver a rodar; el patinete necesitará tener un enchufe a mano.

Bicis hay tantas como ciclistas: se fabrican y tunean hasta el punto de ser elemento diferencial para tribus urbanas. Igual voy tarde, pero no me consta en el caso del patinete eléctrico.

Si nos ponemos en plan ochentero, a una bici le pones cartas en los radios y una botella de plástico en la horquilla trasera y te quedas con el personal del ruido que le sacas. El patinete eléctrico es silencioso, anodino.

La bici es divertida, tiene ese punto de evasión y distracción de cualquier ejercicio físico. El patinete te lleva y basta.

 

Hay un libro cuidadosamente editado por Siruela, Einstein y el arte de montar en bicicleta, de Ben Irvine. Parte de la afirmación que hizo el científico sobre su teoría de la relatividad: «Se me ocurrió mientras montaba en bicicleta». Al loro. Irvine describe muy bien la importancia del equilibrio en el pedaleo y del mix entre atención plena y evasión que produce. Una potente combinación capaz de generar buenas ideas y felicidad. 

 

¿Habéis pensado alguna vez que el mundo sería mejor si la gente andará más en bici? ¿Afirmaríais lo mismo sobre el patinete eléctrico?

1 comentario
  • A mi me gusta mucho montar en bici. Me gusta más que el patinete., aunque éste parece muy práctico., tanto o más que la bici.
    Pero por lo que parece a mucha otra gente les gusta el patinete. Está genial, probablemente es gente que no iba en bici y quiza si en coche. Un patinete más quizá es un coche menos, por que compararlos o meternos con ellos? Bienvenidos sean!

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